EL TEMPLETE NO VOTA
La presidenta vino a Zacatecas a lo que vino: entregar la Pensión Mujeres Bienestar en Río Grande y las becas Rita Cetina en la capital. Programas, territorio, gente. Pero en año de definiciones internas, toda gira presidencial arrastra un espectáculo paralelo: el concurso no oficial de cercanías. Quién consigue el saludo, quién se acomoda en el encuadre, quién presume después la foto como si fuera constancia de bendición.
Esta vez el concurso arrancó antes de que aterrizara la presidenta. Días antes de la gira, Ulises Mejía encabezó en Río Grande, casualmente la sede del primer evento presidencial, una asamblea con más de trescientos liderazgos, acompañado del vicecoordinador de los diputados de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, y desde ahí convocaron a la militancia a acudir a los eventos de la mandataria. El mismo Ramírez Cuéllar que días antes había repartido cartas públicamente: si el criterio es hombre, su respaldo es para Ulises; si es mujer, para Zaira Villagrana. Un servidor público federal de primer nivel tomando partido en un proceso cuya convocatoria prohíbe, con todas sus letras, la intervención de servidores públicos de cualquier orden.
Aquí conviene recordar quién es el agraviado profesional de este proceso. Ulises Mejía lleva semanas deslizando que “no se trata de qué autoridad está respaldando a quién” y que las autoridades no deben intervenir. Resulta que la única autoridad que se ha pronunciado abiertamente por un aspirante en Zacatecas lo hizo por él. Y lejos de rechazar el respaldo, que es lo que haría quien de verdad cree en la cancha pareja, lo agradece, lo difunde en boletines y organiza asambleas conjuntas. El piso parejo, por lo visto, es para los demás: se exige de lunes a viernes y se pisa el fin de semana.
La Comisión Nacional de Elecciones fue clarísima al cerrar los registros: nada de gastos onerosos, nada de espectaculares, ninguna intervención de funcionarios federales ni locales. Citlalli Hernández lo remató con una frase que debería estar enmarcada en la oficina de cada aspirante: “El piso más parejo está en la calle”. La presidenta, por su parte, ha sido escrupulosa: no destapa, no guiña, no reparte. Su gira fue de programas, no de sucesión. Colgarse de su imagen es no haber entendido ni su método ni su respeto por la gente.
Y hubo quien lo entendió al derecho. Mientras el templete de Río Grande se disputaba centímetro a centímetro, Verónica Díaz pasó el fin de semana en el otro extremo del estado, caminando Nochistlán de puerta en puerta, lejos de la gira y de sus reflectores. Se puede coincidir o no con ella; lo que no se le puede regatear es la lectura: a la presidenta se le honra más imitando su método que persiguiendo su imagen.
La encuesta de agosto no va a preguntar quién salió en la foto ni a quién respalda tal o cual diputado. Va a preguntar a quién conoces, en quién confías, quién ha estado en tu casa. Esas respuestas no se heredan de un templete ni se fabrican en boletines: se construyen puerta por puerta, y la diferencia se nota. El que necesita padrinos es porque le faltan pasos.
El templete no vota. La casa sí.